Coaching: ¿Para qué?

Autor: Marisa Krawiecki

Cuando deseamos iniciar un viaje nos preguntamos,  hacia dónde queremos ir?. Nos vamos a Salta o a Córdoba, a Roma o a Londres? Desde ya no es menor la importancia que esta pregunta tiene para conseguir el pasaje que necesitamos. Sin embargo, hay otra pregunta que se torna también imprescindible: ¿Desde dónde queremos ir?

También en la empresa, fijamos las metas para el próximo año, con foco en los objetivos, en lo que queremos lograr, en las acciones que emprenderemos para obtener los resultados buscados. Ahora bien, ¿desde donde voy a recorrer ese camino? ¿Cuál es la emocionalidad que me acompaña? ¿Qué creencias sostengo? ¿Cuál es la fisiología que adopto? ¿Qué conversaciones me atraviesan?

Si deseo por ejemplo comenzar a delegar más. ¿Alcanza con seleccionar varias tareas de las que suelo hacer y encomendarlas a otro para lograrlo? ¿Los resultados esperables serán los mismos cualquiera sea el lugar desde donde parto para entregar las tareas? Posiblemente será frustrante la experiencia si acompaño esa nueva acción de delegar tareas manteniendo mis creencias de que nadie puede hacer las cosas mejor que yo, que la gente es irresponsable, que a los demás no les importa la calidad de los resultados.

O si me propongo contar con más flexibilidad. ¿Alcanza con decirme a mí mismo que podré adaptarme rápidamente a las nuevas circunstancias y cambiar de rumbo? ¿Cuán consciente soy de como mi fisiología acompaña esta decisión?  Se da una gran contradicción muchas veces cuando la palabra enuncia y las articulaciones se vuelven rígidas, o estoy cruzado de brazos, con el pecho hundido, los hombros cerrados, la cabeza gacha.

El cambio es un proceso de múltiples fuerzas que lo sinergizan y para que se dé exitosamente, estas fuerzas necesitan estar alineadas, necesitan acompañarse unas a otras. Necesitamos cambiar hábitos que venimos sosteniendo desde hace mucho tiempo. Esos hábitos son los que enmarcan el lugar desde donde miramos, el lugar desde donde nos proponemos alcanzar los resultados deseados.

Robert Dilts presenta una fórmula para el cambio que propone:

Estado presente  +  recursos  = estado deseado

Esto sería muy fácil de conseguir si no fuera por esos “terroristas internos” a los que alude el propio Dilts como saboteadores de nuestros mejores esfuerzos interfiriendo en el logro de los resultados deseados.

El modelo entonces propuesto es el siguiente:

La experiencia me muestra que todos nosotros contamos con una cantidad de recursos extraordinaria de la cual sólo hacemos uso de un mínimo porcentaje. Frente a nuestra historia, a la cultura en la que nos desarrollamos, a la educación que recibimos, cada uno de nosotros reaccionamos de una manera diferente. Generamos mecanismos de defensa que creemos que protegen nuestra integridad y a partir de allí desarrollamos nuestros hábitos, limitando nuestras acciones a nuestra particular forma de mirar el mundo.

 

¿Cuán posible es cambiar esos hábitos que nos acompañan desde siempre? ¿Cuán disponible estoy para abordar semejante cambio?

Según Joseph Yeager, los tres componentes necesarios para un cambio eficaz son:

  1. Querer cambiar
  2. Saber cómo cambiar
  3. Darse la oportunidad de cambiar

En general estos cambios se dan de manera gradual, pero sin duda cada milímetro que logremos ampliar del cubo en el cual estamos insertos nos permitirá accionar desde un lugar distinto y desde allí poder alcanzar nuevos logros en los resultados deseados.

El Coaching es una de las herramientas para ayudarnos en este recorrido.   El proceso de Coaching ofrece a las personas reflexionar tanto hacia dónde quieren ir como también desde dónde van a iniciar el viaje que se plantean. En este proceso, el Coaching propone desafiar las interferencias para reconocerlas, para ampliar el punto de vista desde donde accionamos, alinear nuestras emociones, conversaciones y corporalidad a los resultados buscados, para corrernos de las huellas de los lugares habituales y enriquecer nuestro mundo interno y sus efectos en lo que nos rodea.

 

 

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