¿Para qué estoy haciendo lo que estoy haciendo?

Una pregunta clave para lograr nuestros objetivos y sentirnos bien.

¿Te pasa que trabajas intensamente, muchas horas, y al final del día sentís que quedaron pendientes temas muy  importantes?

Todo trabajo, sin importar cuál sea, involucra conversar, pensar y desarrollar actividades. El secreto es concentrar el 80% de nuestro tiempo a aquel 20% de conversaciones, espacios de reflexión y actividades que nos permitan lograr nuestros objetivos (o los resultados por los que debemos rendir cuenta).

Para determinar cuán efectivos estamos siendo en aprovechar nuestro tiempo, basta hacer un registro de los temas y tiempos que hemos dedicado durante una semana “típica” de trabajo. Es un ejercicio muy revelador y que motiva a mejorar.

Recomendaciones:

  • Antes de iniciar cada día, decidir cuáles 2 o 3 cosas necesitamos hacer en el 80% de nuestro tiempo, dejando un 20% para contratiempos e imprevistos. Si no, el famoso “día a día” (mails, interrupciones, distracciones, etc.) se encargará de ocupar casi todo nuestro tiempo.
  • Antes de comprometernos a algo nuevo, asegurar que conduce al logro de nuestros objetivos. Disponemos de varias opciones antes de decir SI:
  • Decir que NO, sin temor a dañar la relación con el otro. Pensá que un SI fácil probablemente resultará en incumplimiento y defraudar a tu interlocutor.
  • Delegar: Pedirle a otra persona que se haga cargo. Algún colaborador puede entusiasmarse ante la oportunidad de aprender y la confianza demostrada al pedir su colaboración.
  • Negociar: Postergar o parcializar el cumplimiento del pedido. Es clave ser realistas al dimensionar el tiempo que nos demandará conversar, pensar y hacer tareas teniendo en cuenta los compromisos ya asumidos con nosotros mismos y otros. Esto además ayuda a cumplir los compromisos y construir relaciones de confianza.

 

Si a pesar de estas precauciones durante el día nos encontramos involucrados en imprevistos que nos demoran o desvían de nuestros objetivos, preguntarnos ¿Para qué estoy haciendo lo que estoy haciendo? y volver a las opciones ya planteadas. Convertir en hábito hacernos esta pregunta ayuda a mantener el foco en lo importante y poder terminar el día sintiéndonos gratificados.